Historia Carnaval de Santiago


El carnaval de Santiago, considerado uno de los más importantes de la República Dominicana, concentra cada domingo de febrero gran cantidad de personas en el monumento a los Héroes de la Restauración de esta ciudad.

Aunque el terremoto que atentó contra la ciudad en 1842 y los posteriores saqueos haitianos impide precisar la fecha del inicio de estas fiestas, este pueblo conserva orgullosamente sus tradiciones carnavalescas.

Los Lechones, personajes característicos de este carnaval, surgieron como guardianes del orden en los viejos carnavales de Santiago. Iban delante de las comparsas para abrirles camino y evitar las bellaquerías de los muchachos, según han expresado conocedores de este tema.    

En los inicios, este carnaval se dividía en función a las clases sociales existentes en Santiago, con manifestaciones en clubes privados por parte de los sectores pudientes y en las calles de los barrios populares, particularmente en La Joya, Los Pepines y, posteriormente, Pueblo Nuevo.

Los Diablos Cojuelos son llamados, en Santiago, Lechones debido a que las caretas asemejan a un cerdo, con un hocico estilizado que más bien semeja un pico de pato.

También se les llama Macarao (como en Salcedo y Bonao) aunque éste es un término más genérico para referirse a ellos; es la pronunciación vulgar de Enmascarado.

El traje de los "Lechones" es el típico de los Diablos Cojuelos: un mameluco de colores vivos, a veces entero, a veces de dos, tres y hasta cuatro colores, adornado con cascabeles, cintas, gallardetes y espejitos circulares, pegado al traje va un capuchón que cubre la parte posterior de la cabeza.

Algunos llevan rabo que puede colgar libremente por detrás o puede enrollarse en el cuerpo. Estos rabos, generalmente de color entero, contrastan con el resto del traje. Igualmente puede llevar una capa que cuelga por la espalda hasta la mitad de la pantorrilla.

Anteriormente, el carnaval de Santiago se celebraba antes del Miércoles de Ceniza pero en la actualidad ya se celebra los domingos de febrero, independientemente de la Cuaresma.

Para el Carnaval, la ciudad observa una división en dos mitadas: La Joya, un barrio en la parte baja de la ciudad, más cercano al río; y Los Pepines, un barrio en la parte alta.

Los trajes que llevan los miembros de estos dos sectores son idénticos excepto las caretas. Los de Los Pepines le dejaron dos cachos (cuernos) lisos y los de La Joya los llenaron de pequeños cachitos.

En años anteriores se escenificaba una batalla simulada con fuetes entre las dos facciones opuestas, el martes previo al Miércoles de Ceniza. Esta batalla se hacía siempre frente a la puerta del cementerio, y participaban miembros de los dos grupos de lechones.

Mientras recorrían la ciudad, algunos lechones llevaban fuetes con los que amenazaban a los transeúntes y a otros lechones. Lo más común, sin embargo, es que lleven vejigas de vaca infladas con los que se golpean unos a otros y a curiosos.

Otros personajes que se destacan en las actividades carnavalescas de Santiago son los Indios, la piel sucia de Nicolás Den-Den, La Muerte en Yipe, el Hombre del Papelón, el Baile del Muñeco y otros que son  engrandecidos por la vistosidad y el ingenio popular.

[+] Historia sobre  El carnaval santiaguero en el siglo XX

Como bien apunta Marcio Veloz Maggiolo en Notas sobre el "carnaval histórico" (Listín Diario, 1 junio 2003), los comienzos del siglo XX modificaron la faz del carnaval santiaguero (…) consolidándose un carnaval popular y otro que era reflejo de las altas y medias clases sociales. Este último, denominado "carnaval social", tuvo su expresión más acabada en el Centro de Recreo, sociedad que había sido fundada en 1894 y que reunió las mejores familias de la población y casi todos los elementos de cultura y fineza que hay en Santiago.

Con el Centro de Recreo aparecen dos nuevos elementos en las festividades: la elección de una reina y la celebración de un corso florido todo martes previo al miércoles de ceniza, que ponía término al reinado de la joven electa y en el cual se desfilaba repetidamente alrededor del parque Central - luego Duarte  efectuándose una batalla de confetis y serpentinas.

La escogencia de reinas se inició en 1908 con Ana Rosa Moreno de cuya elección se cumplieron 100 años- , a quien siguieron Eulogia Pastoriza en 1909 y Ana Rita García Valverde en 1910; a partir del reinado de esta última y hasta 1931, sin que lo dispusiera ninguna ordenanza municipal, todas las tardes de martes de carnaval fueron festivas. En 1924 se da una ruptura en la selección de una joven de la alta sociedad como reina de las fiestas y asimismo se desplaza el parque Duarte como eje urbano del carnaval, con la elección de la costurera Toñita González como Toñita I, en cuyo honor se realizó un desfile por la calle Del Sol, que partió desde el parque Colón hasta el palacio de la Gobernación.

Veloz Maggiolo indica que las clases altas no raptaron socialmente del todo el carnaval y que aun en la dictadura de Trujillo, la gente y las comparsas siguieron floreciendo con gestos y formas nuevas que alcanzan nuestros días. No obstante, el auge del carnaval social opacó durante décadas al carnaval popular, dejando solamente al lechón como oferta atractiva. En efecto, el carnaval popular se vio limitado por condicionantes derivadas del orden político imperante, como fueron las obligaciones requeridas a los lechones de eliminar el uso del foete y numerarse en la Policía Nacional para su identificación. Entretanto, el carnaval social fortaleció la supremacía de su majestuosidad por cerca de casi siete décadas, sentando sus reales en el Centro de Recreo (1894), el Club Santiago (1899), el Club de Damas (1901) y el Gurabito Country Club (1931).

Caída la dictadura, emerge la figura de Tomás Morel, quien funda su Museo Folklórico en 1962, desde el cual proyecta un concurso de caretas a partir de 1964, como forma de revivir el carnaval popular. En la década de los 70 tiene notoria incidencia en la revitalización de las fiestas el denominado Comité de Fiestas y Costumbres Tradicionales de Santiago, que constituyeron en 1971 Orlando Pichardo, Abelardo Viñas, Armenia Pichardo de Viñas, Milton Fernández Pichardo, Carlos Dobal, Federico Izquierdo, Liliam Balcácer de Estrella, Yolanda Grullón de Morel, Mercedes Amarante, Román Franco Fondeur y Claudio Fernández. La década del 80 tiene como hitos fundamentales, en 1987, la aparición del grupo de lechones de Los Jardines Metropolitanos, primer grupo organizado de lechones de la ciudad; la vistosidad del desfile de ese año por la participación de muchos de los 500 jóvenes que participaron como lechones en los espectáculos de inauguración y clausura de los XV Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados el año anterior; y el inicio de la presencia de mujeres disfrazadas de lechones, siguiendo el ejemplo de una joven llamada Rossina, única entre los lechones de los XV Juegos, quienes utilizaron los trajes de sus hermanos.

El decenio de los 90 marca lo que podría llamarse una segunda etapa del carnaval en su período post Trujillo. A partir de 1991, la vía oficial del desfile pasa a ser la avenida de Las Carreras, como producto del cambio de la orientación del tránsito vehicular de la calle Del Sol; desde entonces, el desfile no arranca sino culmina en el Monumento a los Héroes de la Restauración. En ese mismo año, el concurso de caretas de Tomás Morel empieza a ser promovido a través de un afiche escogido igualmente mediante certamen, al que se suma un concurso de afiches de carnaval.

En este período también se enriquece la figura del lechón, pues, amén de la evolución en la ornamentación del traje, se introducen variantes en las caretas joyeras y pepineras, que dan lugar a las caretas de Cienfuegos, máscaras de fantasía cuyos cuernos simulan llamas de fuego ondulantes, haciendo honor al nombre de este barrio; las caretas de Baracoa, elaboradas con conitos de hilos de coser; las caretas de El Egido (1996), consistentes en “una máscara de fantasía que muestra en los cachos y la trompa la figura de un ave, adornada con abalorios, arenilla y espejitos”; y las caretas pueblonueveras, inspiradas en un diseño realizado por Luis Ureña para identificar la participación del barrio Pueblo Nuevo, con cuernos lisos para montar vejigas multicolores.

Los lechones de estos barrios, así como los del sector de La Gallera, establecieron también en este período distinciones en sus trajes: los de Los Jardines traen caretas tanto joyeras como pepineras, morcilla, las vejigas desnudas, fuetes y a sus trajes adhieren bordados en lentejuelas, además de espejos, cascabeles y lacitos; los de Pueblo Nuevo llevan una banda o fajín de la que cuelgan morcillitas, emplean las vejigas en una bolsa y no portan fuetes; los de La Gallera recurren a fajines y morcillas a la vez, capas y trajes de solo color.


Por Edwin Espinal Hernández

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