
Historia JOYA
El barrio de La Joya en Santiago se encuentra ubicado en la hoya – de ahí su nombre – que, hace miles de años, formó el río Yaque tras dejar atrás la meseta sobre la que en 1562 se reasentó la ciudad por tercera vez, cuyas barrancas desviaron y “atrincheraron” su natural desembocadura hacia el mar. Esa depresión devendría con el tiempo en la que se denominó sabana del pueblo o sabana del Oeste, un espacio baldío que a fines del siglo XIX se hallaba cubierto de altas hierbas y estaba destinado a la matanza de reses y al secado de cueros al pelo o curtido y que en dirección noroeste tomaba el nombre de sabana de Santa Ana, con el que se identificaba además al camino real y al arrabal homónimo establecido en la zona de Gurabito, correspondientes en la actualidad a la avenida Imbert y a la barriada que tiene como eje la calle de La Muñeca.
A fines del siglo XIX, la expansión de la ciudad se orientó preferentemente sobre la sabana una vez el Ayuntamiento dispuso en 1887 que debían quedar libres los terrenos al Este de la ciudad, por venir por allí el ferrocarril desde La Vega, nunca prolongado, como se planteó en el proyecto original. Adquiriría un orden preferente en 1891, cuando quedó afectada por la resolución del Poder Ejecutivo que mandaba a conservar las propiedades urbanas y rurales que fuere menester para las obras del ferrocarril Santiago-Puerto Plata, alcanzando gran plusvalía: se erigieron viviendas, se proyectó la construcción de una plaza de Marte, se dispuso el trazado de nuevas vías – en septiembre de 1891 se abrió la calle Jánico y para diciembre de 1894 ya existía la calle de la Canoa, actual avenida Valerio – y los estratos adinerados fomentaron estancias en generosas parcelas, preferentemente en su extremo noroeste, colindando con el camino de Santa Ana.
Para 1901 ya se había abierto la avenida 30 de Marzo, actual Hermanas Mirabal, prolongada en la segunda década del siglo XX hasta el río y convertida en paseo por la iniciativa de Amado Franco Bidó en 1917. Este boulevard delimitaría al actual barrio de La Joya en su extremo Norte y lo separaría del barrio de Baracoa, nombre que adquirió el Ensanche Eliesco o Ensanche Oeste, primer empeño urbanizador fuera de los límites originales de la ciudad, desarrollado a partir de 1910 por Eliseo Espaillat Julia sobre los terrenos de la estancia de su padre Augusto Espaillat, que compró en 1908, y que dio origen en 1910 a las calles Ulises Espaillat, Anselmo Copello, Pimentel, 19 de Marzo, García Copley y Loló Pichardo, favoreciendo que las calles del casco urbano con orientación Este-Oeste que hoy conforman La Joya fueran extendidas hasta conectar con la cuadrícula definida por su trazado. En efecto, en 1910, Eliseo Espaillat vendió al Ayuntamiento fajas de terreno para prolongar las calles Independencia y Restauración y dos cuadros de terreno para el matadero – que se construiría el año siguiente, en sustitución del levantado en 1900 y que arrasó la creciente de San Severo de 1909 – y Los Noques, tinas para curtir pieles que se ubicaban a la orilla del río; en su límite Norte, por donde iba una empalizada que lo separaba de la estancia de Espaillat, el Ayuntamiento abrió la calle San Severo, actual Loló Pichardo.
En 1911, Espaillat y el Ayuntamiento acordaron “cuadrar” un pedazo de terreno situado entre las calles Ulises Espaillat e Independencia para extender la calle Santa Ana (actual Salvador Cucurullo).
En ese proceso de configuración urbana, cabe destacar que para 1903 se había delimitado la Plaza Valerio, originalmente pensada para ejercicios militares, pero que luego sirvió a partir de 1911 como mercado de maderas y comestibles y campo para la práctica de juegos de béisbol desde 1913. Andando el tiempo, entre 1942 y 1943, en ella se construyó el parque Ramfis, actual Plaza Valerio, inaugurado en 1944.
El posterior y rápido arrendamiento de los solares que el Ayuntamiento deslindaría en las calles que se prolongaron hacia la sabana junto a todas las acciones antes citadas, determinaron el origen de La Joya. La primera referencia de su existencia como barrio data de noviembre de 1907: se trata de una solicitud de subvención que la señora Natividad Aracena dirigió al concejo de regidores del Ayuntamiento de Santiago para la escuela particular que acababa de abrir en el lugar; aquí figura como “La Hoya”. El dato consta en el acta de la sesión de la Sala Capitular del 9 de diciembre de 1907, inserta en el Boletín Municipal No.571 del 31 de diciembre de 1907.
Si partimos de este testimonio documental, La Joya está cumpliendo cien años en el escenario urbano santiaguero. Espacio clave en la historia musical dominicana – Eduardo Brito fue “descubierto” en La Joya y el perico ripiao alude al establecimiento que con ese nombre existió en el barrio – y marco originario de uno de los grupos de lechones tradicionales de la ciudad, bien merece ser exaltada en su centenario. Los joyeros tienen la palabra.
Por: Edwin Espinal Hernández de www.ciudadcorazon.com.do












